Cuando nos ponemos a trabajar con las personas, desde sus creencias, sus valores, sus miedos, sus expectativas, en definitiva, su esencia, se ponen sobre la mesa todos los componentes que nos forjaron a ser las personas que somos.

Si lo hacemos desde el Coaching, enfocamos nuestro trabajo en sacar lo mejor que cada persona llevamos dentro, en deshacernos de todo lo que nos limita, esa parte de nuestra mochila que pesa demasiado y que nos impide avanzar mas rápido. Si además le incorporamos todo lo que la Programación Neurolinguística puede ofrecernos -tanto teórica como metodológicamente hablando- los resultados van a ser mucho mejores. La presuposición de partida es una de las ideas fuerzas que sustentan este proceso de desarrollo y mejora personal; todas las personas tenemos los recursos y las capacidades que necesitamos para lograr lo que nos propongamos.

Si añadimos un componente mas en la ecuación, el género, hemos de dar un enfoque distinto y partir de lo que la socialización diferenciada ha supuesto y supone para unos y otras.

Incorporando la perspectiva de género en los procesos de Coaching

A pesar de las numerosas líneas de intervención que se llevan proponiendo durante años con el objetivo de lograr una igualdad real, hoy por hoy siguen existiendo notables diferencias en cómo nos comportamos y se comportan con nosotros y nosotras si somos mujeres o varones. Las diferentes percepciones y creencias que se construyen desde la educación de género nos hacen situarnos frente al mundo con filtros diferentes y esto es algo que el Coaching tiene que tener en cuenta.

Si centramos el trabajo en el Coaching ejecutivo, nos enfrentamos a situaciones en las que las mujeres se adaptan a unas estructuras construidas desde lo masculino y en las que tienen que ir construyendo otras perspectivas, otros espacios que respondan a la ética del cuidado en la que crecieron.

Cuando realizas procesos de Coaching con hombres y mujeres dentro del mundo de las empresas, en la mayoría de los casos son procesos muy diferentes en los que la variable género es determinante. Caminar en la línea del tiempo de la vida de las mujeres y recorrer los diferentes hitos vitales en los que aprendieron a ser la mujer que debían ser, marca todo el proceso posterior.

Hay muchas mujeres que se debaten entre el “deber ser y el ser” como realidades diferentes porque realmente lo son. Tienen que seguir prioritariamente respondiendo a lo que se espera de ellas como mujeres, madres o compañeras y conjugarlo con su trabajo dentro de las empresas, lo que les lleva a situaciones de conflicto vital importantes.

Marcan unas expectativas laborales dentro de una carrera profesional diseñada por y para los hombres, con unas estrategias de funcionamiento, horarios o mecanismos de planificación que son distintos y que necesitan reconstruirse incorporando el género femenino.

Trabajar desde el Coaching de género con mujeres (también con varones) es un privilegio transformador que merece la pena ponerse en práctica y contribuir a mejorar la vida personal y profesional de la persona a la que acompañas.

Mi apuesta es, indudablemente, caminar junto a quienes quieren mejorar su vida y lograr ser la persona que quieran, sin miedos, sin ataduras y sin mandatos de género.

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